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BITÁCORA DE UNA PRESIDENCIA

 Por Gioconda Belli

 

 

            “Sorpresas te da la vida” afirma la canción de Pedro Navaja compuesta por Rubén Blades. Quién podría haberme dicho que el Sandinismo volvería al poder y que ese hecho yo lo viviría a distancia –y no sólo físicamente a distancia- sino distante emocionalmente, separada en más de una forma del Sandinismo con etiqueta “Ortega” de hoy. Vale decir que los nueve comandantes de la Revolución, responsables del Sandinismo de Ayer, se cuidaron muy bien de definir exactamente al Sandinismo. Por eso es quizás comprensible que cada uno de los que fuimos o seguimos siendo Sandinistas, hayamos acuñado diversos conceptos de lo que significa esta acepción. Así se explica que para unos Daniel Ortega sea la máxima representación del legado de Carlos Fonseca, mientras para otros, el mismo ciudadano, ya no tiene siquiera la aureola rojinegra que permitía el reconocimiento a distancia de los auténticos “compas”.

Ideológicamente, el Sandinismo acomodó muchas corrientes dentro de sí cuando acomodar se convirtió en el consenso para lograr la victoria contra el somocismo. Detrás de todos los acomodamientos, sin embargo, como un lenguaje secreto, la militancia sabía que aspiraba al socialismo, al fin de la explotación del hombre por el hombre y que su norte ideológico –a pesar del No Alineamiento predicado- se ubicaba más cerca de Cuba y de la Unión Soviética, que de la Social Democracia de la Internacional Socialista, aunque conviniera más –por razones tácticas- pertenecer a esta última.  Con la caída del muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética, tras los tomos de papel escritos sobre los desaciertos del socialismo y la entrada de Nicaragua en el concierto “democrático” de naciones, la definición del Sandinismo sufrió transformaciones mayores aún. No sólo se habló de modernizar las ideas, sino que las ideas –de por sí vagas, como hemos venido afirmando- empezaron a vagar por la cancha del “real-politik” y el FSLN empezó a regirse cada vez más por las demandas de un partido tradicional, forzado a jugar fútbol en un terreno controlado y supervisado no por uno, sino por varios equipos contrarios. Se produjo así un proceso triste pero quizás lógico: el FSLN mantuvo su discurso popular, pero en la práctica se graduó en todas las manipulaciones, curvas y bolas malas de la política criolla, demostrando ser ese tipo de alumno que supera al maestro. Desde 1990, en el carácter del FSLN se operó una escisión, una especie de desdoblamiento, mediante el cual este partido, igual que Superman o el Hombre Araña, podía según la necesidad, o seguir siendo un burócrata, uno más dentro del conglomerado de rostros políticos del país, o de pronto salir volando agarrado del mito original, para defender a los humildes y oprimidos.  El diseño de esta transformación se lo adjudicó Daniel Ortega y, ya sea por su tipo de personalidad, por su falta de ejercicio democrático colectivo, o porque considerara que era su destino, este dirigente decidió que era él el único ungido para efectuar esta transmutación. Así fue que el Sandinismo de Ayer, se transformó en el Orteguismo de hoy y en el proceso, se decantó de todo aquello que, o intentase efectuar los cambios a partir de precisar ese concepto vago de Sandinismo, o se atreviera a insinuar otro tipo de cambios que implicara la introducción de nuevas figuras dirigentes.

            Así es que el FSLN que toma el poder en Nicaragua el 10 de Enero, sigue siendo un partido con una definición ideológica que depende de coyunturas, concepciones individuales o necesidades tácticas. Los de izquierda lo conciben a su medida, igual que la derecha lo acomoda a la suya. Pero lo cierto es que no hay parámetros claros ni para proyectar lo que puede ser su gestión, ni para medir sus acciones de acuerdo a un conjunto de fines o principios determinados por un credo, una ideología o una ética particular. Por lo tanto, una bitácora   

que anote a través del tiempo hechos que permitan perfilar la orientación de esa brújula que aún no atinamos a descifrar, podría ser un instrumento para definir la indefinible vaguedad de la que hasta ahora padece ese Sandinismo marca “Ortega” que está asumiendo el poder.  Por ser un blog, ésta es una bitácora abierta a quien quiera anotar hechos tanto positivos como negativos, que considere reveladores de las incógnitas del nuevo gobierno.

 

Anotaré, para empezar, algunos hechos que a mí me parecen significativos de la etapa previa al 10 de Enero:

 

1. La secretividad y control de la información: En cualquier proyecto democrático abierto, la prensa tiene un papel fundamental como correa de transmisión entre la esfera pública del aparato político y gubernamental y la esfera privada del ciudadano promedio. Limitar el acceso y la comunicación entre estas esferas y pretender normar rígidamente la fluidez de información entre una y otra, es un indicio negativo que parece indicar una clara intención de reducir al mínimo los elementos de juicio con que contará la población para evaluar los funcionarios, las decisiones, y el nuevo gobierno. 

 

2. La aprobación de la Ley Orgánica de la Asamblea Legislativa no por los diputados para quienes esta ley regirá en el nuevo período, sino por los diputados salientes que ya no tendrán vela en ese entierro: A simple vista esto es contrario, no sólo a la lógica, sino que claramente obedece a la necesidad de ejercer el control sobre el marco en el que operará una asamblea que ya no estará totalmente sujeta al pacto. Éticamente, por supuesto, el asunto de las libres para los diputados salientes es un atropello que no necesita que lo califique y que otra vez sirve únicamente para apuntalar los compromisos del pacto.

 

3. El rechazo del nuevo presidente a ocupar el edificio construido como Casa Presidencial: Imagínense qué desorden nos vamos a echar encima si ahora cada presidente que venga va a decidir a su gusto y antojo dónde va a despachar. No sucede en ninguna parte, que yo sepa, una vez que ya existe un edificio destinado y construido para ese fin.  Una casa presidencial es costosa. Se construye con ciertas especificaciones de seguridad, con salas especiales para atender mandatarios, abundantes líneas telefónicas, parqueo suficiente etc., etc. Es, además, para la ciudadanía un símbolo de continuidad de una institución que no está sujeta a la voluntad personal de un individuo, sino a la voluntad de los ciudadanos que lo eligieron. El Presidente es un servidor público en primer lugar y llega a ocupar un puesto que tiene atribuciones, presupuesto y ubicación física definida. En fin, ésta acción parece un capricho destinado a mandar el mensaje de “yo no me someto a las limitaciones de otros presidentes y yo decido cómo va a ser esto”. ¿Y la austeridad? ¿Para dónde se fue tan rápido?

 

4. Aunque sea loable decretar la educación gratuita y anular la autonomía escolar,  se me ocurre que esta es una medida bastante radical que implica un ajuste presupuestario sustancial y que no se puede decretar de la noche a la mañana, de un plumazo. Pero si ésta es una idea que no deja de ser positiva, aunque precipitada, la idea de preparar y mandar a trabajar a 1,500 procuradores escolares, para que supervisen que las escuelas no cobren, parece realmente descabellada (El Nuevo Diario, “Abolirán Autonomía Escolar”edición 8/1/07). ¿Cómo podrán llenar estas 1500 personas un horario de trabajo, si vigilar que no hayan cobros será su única atribución? ¿Y el presupuesto para pagarles? Me parece que sería mucho más lógico que los maestros o los padres de familia ejercieran esta supervisión. Además, lo que urge en Nicaragua es que los maestros ganen mejores salarios, no aumentar la burocracia…  

 

 

5. Lo último y quizás esto ya sea cosa mía, es la pasarela de tres metros que va a cruzar la Plaza de la Fe de un extremo al otro, con una rotonda en medio para que Daniel agarre una bandera y cruce en medio de la gente hasta la tarima: a la gente le gustan los shows, pero a un gobierno popular no le habría hecho falta ese despliegue y ese gasto. Es un escenario que más pareciera hecho para un rey y preocupa que alguien que ha sido electo por menos del 40% de los votantes, en un país tan pobre, dedique tantos recursos a brindarle culto a su personalidad.

 

 

(Continuará…)