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BLOG SEMANAL BELLI: La democracia directa
Por Gioconda Belli
La
tentación de sus dirigentes de arrogarse la representación popular de manera
absoluta, denunciando y acallando el debate y la crítica, fue, como veíamos
anteriormente, una de las razones del fracaso del socialismo real en los países
del Este.
La
ideología se convirtió en discurso, en consigna, en dogma que nadie podía
atreverse a desafiar sin riesgo para su libertad. De allí que una
característica de la reemergencia del socialismo en América Latina, ha sido su
compromiso con la libertad de prensa. Es una lástima que Hugo Chávez haya
retirado la licencia a la televisora más reconocida en Venezuela, porque hasta
ahora uno de los argumentos que más ha usado la izquierda intelectual en el
mundo para defenderlo del imperio y la derecha, es la libertad de prensa que,
durante su gobierno, han usado sin cortapisas los venezolanos.
En el
caso de Nicaragua, la tendencia parece ser más radical que
Otra característica que sitúa a Ortega
más en el pasado autoritario de la intención socialista que en un proyecto más
moderno de socialismo, es esa consigna recién estrenada de_ “el pueblo,
presidente”_ pues asume que el pueblo es él y su gobierno, cuando los pueblos
eligen administradores y no personas que se arroguen la representación absoluta
de sus aspiraciones y pretendan actuar en su nombre sin asumir la
responsabilidad que implica su gestión como individuo.
Además,
el 38% de la población votante no representa la totalidad del pueblo nicaragüense
y, por otro lado, hasta donde hemos visto, ni siquiera al _ “pueblo”_ más
cercano a él –sus funcionarios- les ha concedido la participación plena en su
gobierno, obligándolos al silencio y a ser meras correas de transmisión de
decisiones centralizadas en él y sus asesores más inmediatos. Incluso, a estas
alturas, ya todos los Consejos que ha creado, a excepción del que regenta su
esposa, han sido descabezados y sus coordinadores convertidos en asesores,
mientras él asume directamente las riendas. Es paradójico que, en medio de
estas señales de que su tendencia es retornar a la camisa de fuerza de un
sistema organizado con la mentalidad absolutista de “el Estado soy yo”,
aún siga hablando de “democracia directa”.
De
hecho, la profundización de la democracia es uno de los planteamientos
centrales que llevarían a distinguir el socialismo del siglo XXI del socialismo
rígido que, hasta el momento, ha sido experimentado en el mundo. Pero llevar a
cabo esta empresa no es cosa fácil, si es que de veras se trata de lograr mayor
participación de los ciudadanos en la vida económica y política del país y no
simplemente de re-editar los Cara al Pueblo, o las votaciones demagógicas en
plazas llenas de simpatizantes. La democracia directa –según mis averiguaciones
para documentarme sobre la misma- en el único lugar donde se practica de manera
más pareja y sistemática, es –asústense- en Suiza. *En ese país existe un
sistema de consulta permanente con la ciudadanía y una democracia directa que
data de 1830.* Según la revista española Más Democracia: “Normalmente los políticos representativos se oponen a la democracia directa
porque creen que supone un gobierno de las masas, donde nadie controlaría el
impulso popular. La experiencia de Suiza demuestra todo lo contrario.
El pueblo ha actuado en los últimos dos
siglos como elemento de control de los políticos, impidiendo que embarcaran al
pueblo Suizo en las aventuras totalitarias y guerreras que han arrasado Europa
durante ese periodo. La introducción de la democracia directa alteró de forma
fundamental el funcionamiento del sistema político Suizo. El partido en el
gobierno, aún contando con una mayoría de representantes en el parlamento, era
sistemáticamente desafiado por los partidos en la oposición a través de la impugnación
mediante referéndum de sus decisiones”.
La
democracia directa de los suizos ha servido de manera efectiva para
garantizarle a la población, más allá del instrumento electoral, un
mecanismo efectivo para controlar mediante referéndum, iniciativas populares y
revocación de mandato, el accionar de los partidos políticos, de manera que
aún los que han obtenido votación mayoritaria, deben consultar con la población
cuando se trata de cambiar la constitución o de aprobar ciertos tipos de
legislación. De los 500 referéndums que se han hecho en el mundo hasta 1978,
271 se hicieron en Suiza. El sistema implica que los ciudadanos deben estar
al tanto de los asuntos políticos y estudiar las propuestas, muchas de ellas
bastante complejas.
Quizás
por tratarse de un país con altos niveles educativos la democracia directa ha
demostrado ser exitosa allí. Por otro lado, en Canadá, existe otra expresión de
democracia directa: las Asambleas de Ciudadanos. Estas se convocan para un tema
específico. La más reciente fue una reforma a la ley electoral. En ésta se
eligieron por sorteo dos representantes, un hombre y una mujer, de los 79
distritos electorales de British Columbia. Estas personas pasaron once meses
estudiando el asunto, reuniéndose con ciudadanos y recogiendo sus propuestas.
Luego ellos elaboraron la suya, la cual fue llevada a referéndum. Para cada
tema trascendental se convoca una nueva asamblea.
Estos ejemplos pueden darnos una idea de
que la democracia directa no es algo que se impone de un día para otro, ni es
un ejercicio de catarsis donde los ciudadanos hablan con el gobernante y le
exponen sus demandas y quejas en situaciones controladas por el mismo gobierno;
o donde personas elegidas de dedo, también por el mismo gobierno, participan en
consejos en los ministerios. La democracia directa, para ser real y efectiva,
tiene que contar con instrumentos tales como: a. El referéndum donde los
ciudadanos participan en el proceso legislativo mediante consulta directa b. el
plebiscito, en el que los ciudadanos participan del proceso legislativo
proponiendo, con el respaldo de suficientes firmas, iniciativas de ley; o c. la
revocación de mandato, donde se somete a la aprobación de los ciudadanos la
permanencia o remoción de un representante electo antes del plazo determinado
por la ley.
Ni
siquiera los anarquistas, en sus planteamientos sobre la democracia directa,
que conciben como un ejercicio municipal, barrial o comarcal, plantean la
desaparición de mecanismos formales que garanticen la autenticidad del ejercicio.
O sea que no se puede hablar de democracia directa si ésta no se concibe como
un instrumento, con marcos legales definidos, de toda la población, si no se
acepta el derecho de cada ciudadano de expresar su opinión, de asentir o
disentir y hasta de remover a las autoridades electas, superando la limitación
de las democracias formales de sólo poder hacerlo en períodos electorales. Para
decirlo de otra manera, si este gobierno quiere hablar de democracia directa
tiene que demostrar que está dispuesto a la democracia de verdad, y que no está
hablando de una democracia directa hecha a la medida de su conveniencia y sólo
con sus adeptos. La democracia directa existe y se practica, como hemos
visto, y por lo mismo no se puede concebir sólo como un concepto propagandístico
para rellenar con cualquier interpretación antojadiza. Hay que discutirla
democráticamente y hay que darle un marco legal.
Parece
que otra vez nos encontramos aquí con el problema de la maduración de los
conceptos en esta realidad del siglo XXI. La profundización de la democracia,
la verdadera justicia social, los ideales hermosos del socialismo utópico, la
libertad como requisito indispensable de la felicidad del ser humano, son
aspiraciones que requieren, como en la construcción de cualquier edificio
duradero, de bases sólidas y de un andamiaje legal estable que soporte los
cambios y las contradicciones. Esto requiere madurez, paciencia, consenso,
el estudio de otras experiencias y la voluntad de abrirse a procesos
genuinamente más democráticos y participativos. No es el voluntarismo, la
arrogancia, ni los slogans los que conducen al socialismo, o más humildemente,
a la reconciliación y la unidad de
(Continuará)
26 de Febrero, 2007
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