Presentación de Gioconda Belli en la Facultad de Medicina de Granada
Viernes 15 de Mayo de 2009
por
Antonio Campos
Ex-Decano de la Facultad y Profesor Emérito

En mi vida, ya larga, de lector de poesía he llegado a una conclusión. Un poema existe para mí, un verso existe, si es capaz de hacerme cruzar una frontera, la que separa lo oculto de lo  iluminado, lo inerte de lo vivo, lo rutinario de lo vibrante.

Un poema, un verso existe para mi, si es capaz de hacerme descubrir el mundo ignorado que subyace en los seres y en las cosas que acompañan mi vivir de cada día, o el vivir y el sentir de mis semejantes, si es capaz de hacerme oír los  latidos silenciosos del mundo.

A veces el descubrimiento que supone la poesía representa tan solo el descubrimiento de una mera decoración estética, a veces responde a una intuición previamente sentida , a veces -las menos- el descubrimiento es una conmoción, es una verdadera sacudida.

En mi vida de lector de poesía he sentido y gozado en dos ocasiones de esta conmoción y de esta sacudida. La primera fue hace muchos años cuando yo estudiaba cuarto curso de medicina. Un amigo me recomendó leer a Walt Whitman. Leí su libro Hojas de Hierba en la traducción que realizó en su día  Jorge Luís Borges. El impacto de aquella lectura habita todavía en mí y sigue agitando mi vida.

La segunda sacudida, la segunda conmoción, fue la que sentí y goce cuando a mitad de los años noventa leí a Gioconda Belli. Un amigo – Antonio Fernández Montoya- conocedor de mi afición poética me dijo ¿has leído a Gioconda Belli? Pues no, le dije,  no se quien es.

Con escepticismo – tantas recomendaciones poéticas me han decepcionado- compre su libro recopilatorio El ojo de la Mujer. Desde entonces no he dejado de leerlo con asiduidad. Y a su lectura ha seguido la del resto de sus poemarios editados en España.

Muchos de mis alumnos y amigos saben muy bien que soy el Juan el Bautista de la poesía de Gioconda Belli: la anuncio y  la proclamo y con su nombre y sus poemas bautizo a muchos jóvenes y mayores que nunca antes habían tenido relación alguna con la poesía.

He tenido el placer de descubrir muchos mundos con muchos poetas pero creo que han sido Walt Whitman y Gioconda Belli los poetas con los que he visto la vida y el mundo con mayor aumento. Histólogo y microscopista soy y creo que puedo decir con rotundidad que algunos de sus versos han sido para mí las lentes que han aumentado con mayor amplitud los límites de mi horizonte

Pero ¿Quien es Gioconda Belli? ¿Que puedo decir de ella en esta aula plagada de estudiantes, alguno de los cuales quizá nunca hasta hoy han oído hablar de ella?

Quizá para saber quien es Gioconda Belli lo mas acertado sea  recurrir a sus propias palabras.

Voy a elegir para ello las que dan comienzo a su excelente libro de memorias – El País bajo mi piel, memorias de amor y de guerra-. El libro comienza como lo hacen los grandes libros, con una frase rotunda:

“Dos cosas que yo no decidí decidieron mi vida: el País donde nací y el sexo con el que vine al mundo”

Gioconda Belli es efectivamente una mujer con todas sus consecuencias  y  con  todo lo que esta palabra –mujer- significa y puede llegar a significar. Y  Gioconda Belli es además una mujer de Nicaragua,  un pequeño País de Centroamérica que ha ganado para la historia un puesto de honor en la lucha civil y militar contra las tiranías.

Son estos dos vectores los que marcan su vida y su trayectoria, su biología y su biografía, los que están presentes en su obra y los que impregnan su poesía y su prosa.

En su poema “Y Dios me hizo mujer” Gioconda asocia el hecho de ser mujer al cuerpo y a la vida que dimana de ese cuerpo, a las ideas, a los sueños y a los instintos que nacen de él. Por eso el cuerpo en todas sus realidades y en todas sus posibilidades, edades y manifestaciones esta presente y vivo en la obra poética de Gioconda.

Creo que gracias a su poesía los hombres hemos podido ensanchar nuestros saberes sobre el verdadero sentir de la mujer  y a la vez, y gracias  a ello, hemos podido también conocernos mas y mejor a nosotros mismos.  

Permitidme que, en relación con lo que acabo de decir, lea tres fragmentos de sus poemas. Son versos  llenos de intensidad y de vida y cuajados de hermosas metáforas.

En primer lugar versos de una mujer que ama:

Aquí estoy
Desnuda
Sobre las sabanas solitarias
En esta cama donde te deseo
Veo mi cuerpo
Liso y rosado en el espejo
Mi cuerpo que fue ávido territorio  de tus besos…

Veo mis pechos
que acomodabas sonriendo
en la palma de tu mano
que apretabas como pájaros pequeños
en tu jaula de cinco barrotes 

Es el cuerpo vivo de una mujer sola que espera y que desea en “la doliente soledad del domingo”, así se titula el poema.

Versos ahora, en segundo lugar, de una madre que amamanta a su hija:

Al cogerla tengo que tener cuidado
Es como tratar de cargar un montoncito de agua
sin que se derrame
Me siento  en la mecedora
la acuno
Y al primer quejido
Empiezo a dar leche como vaca tranquila
Ella vuelve a ser mía
Pegadita a mi
Dependiendo de mi
Como cuando solo yo la conocía
y vivía en mi vientre

Versos, por último, de una mujer que intuye la vejez:

Cuando yo llegue a vieja
Si es que llego
Y me mire al espejo
y me cuente las arrugas..

Cuando vengan mis nietos
A sentarse en mis rodillas enmohecidas
Por el peso de muchos inviernos
Se que todavía mi corazón
estará –rebelde- tictaqueando
Y las dudas y los anchos horizontes
también saludaran mis mañanas

Son versos, son poemas, en los que el sentir y el vivir de la mujer alcanza  tal grado de plenitud , a través de su corporeidad ,que si no fuese por medio de la poesía, de una poesía tan desveladora como la de Gioconda Belli, difícilmente podríamos siquiera llegar a imaginar 

Pero Gioconda Belli es también, ya lo he comentado antes, una mujer de Nicaragua, una mujer que nace y vive en un tiempo concreto y determinado:

“Uno no escoge el País donde nace, escribe en un poema,
pero ama el País donde ha nacido”.

Y por eso Nicaragua esta presente en su obra  como paisaje y como ideal de libertad
En otros versos escribe:

“Uno no escoge el tiempo para venir al mundo
Pero debe dejar huella de su tiempo”

 Y por eso Giconda, en la Nicaragua de su tiempo,  se une al sandinismo, ante un País sojuzgado y oprimido por la tiranía de los Somoza.

Y lo hace en la clandestinidad primero, y en la difícil lucha de la normalidad después, lo que le cuesta el exilio, el éxito y la renuncia en distintos momentos de su vida

La fuerza de este importantísimo vector que marca la vida  de Gioconda Belli, se refleja asimismo en su prosa y en su poesía con una gran intensidad.

Permítanme la lectura de dos pequeños fragmentos:  

En sus memorias y refiriéndose a su exilio escribe “A falta de Nicaragua escribí sus nubes monumentales paseándose sobre el cielo azul  como caravana de torres livianas transportadas por el viento, sus atardeceres furibundos, su olor a lluvia, su verdor., sus volcanes, sus lagos. El amor por este paisaje me comprometía con mi pequeño País tanto como las ideas, el honor y el deseo de libertad.”

En el lugar en el que actualmente vive – en Santa Mónica, en California- , cuando se pone nostálgica, ha escrito también en sus memorias,  baja a la playa a contemplar como las olas se desenrollan a sus pies. Esta visión y los ojos de la memoria  le transportan, afirma,  a su Nicaragua natal y se imagina en la peña del tigre mirando el mar de su adolescencia

Su vivencia de Nicaragua no es solo de su paisaje y de su gente, es también una vivencia de compromiso y de lucha que ha sabido transformar en poemas inmortales.  Poemas además en los que une, de forma magistral, los dos vectores de su vida: la corporeidad que expresa su biología y el impulso revolucionario que expresa su biografía   

Los versos que voy a leer, fragmento de su poema la huelga, son un claro ejemplo de lo que acabo de decir:

Quiero una huelga donde vayamos todos
Una huelga de brazos, de piernas, de cabellos
Una huelga naciendo de cada cuerpo… 

Quiero una huelga grande
que al corazón alcance…

Una huelga de ojos, de manos y de besos
Una huelga donde nazca el silencio
Para oír los pasos
del tirano que se marcha

La Facultad de Medicina de Granada, queridos amigos, tiene el inmenso honor de acoger hoy a Giconda Belli en el marco del festival internacional de Poesía de Granada.

Quiero agradecer a los Directores del Festival, Fernando y Daniel,  y a todos los jóvenes implicados en la organización entre los que ese encuentran algunos estudiantes de nuestra Facultad, Tito y Carlos  entre otros,  el regalo de traernos a Gioconda Belli y por supuesto a nuestro Decano el haber propiciado este encuentro en nuestra Facultad..

He dicho en mis clases muchas veces que una metáfora enseña más del cuerpo que la anatomía, la histología o la fisiología. Leer a Gioconda Belli es aprender del cuerpo, de la vida y del comportamiento humano más de lo que podáis aprender nunca en muchos sesudos  libros de ciencia..

No digo por supuesto, catedrático ya antiguo de esta Facultad soy, que no estudiéis los libros en los que se fundamenta nuestra ciencia y nuestro arte de curar pero si digo, como afirmaría un jurista, que sin leer poemas como los de Gioconda, los de Withman o los de otros muchos poetas y escritores, vuestra formación quedaría manca y vuestras vidas presas de horizontes enjaulados..

Gracias por estar aquí, por acudir aquí a oír a Gioconda Belli y por querer aprender esta lección

Y termino, hace años escribí que del mismo modo que Josué mando parar el sol, según nos cuenta el antiguo testamento, para poder ganar una guerra, los poetas cuando escriben sus versos mandan también parar el tiempo para que nosotros, sus lectores, podamos también ganar una guerra: aquella que consiste en percibir con claridad algunos instantes de vida y de belleza que la noche de la rutina y del olvido se empeña en ocultar de nuestros ojos

Yo no se si existe alguna forma de medir, hijo de la ciencia soy,  la intensidad poética. Pero si la escala de Mohs mide la dureza  de los minerales  o la escala de Richter y la de Mercalí los movimientos sísmicos,  debería de haber una escala – la escala de Josué la llamaría yo- para medir la intensidad con la que los poetas son capaces  de parar el tiempo de vivir y de sentir que nos rodea.

Si existiera esa hipotética escala sabes, admirada Giconda, querida Gioconda, que tus hermosos poemas alcanzarían en ella, las mas altas vibraciones.

Muchas gracias